Monday, February 06, 2006

Un destino melodramático, de Manuel Puig (Cuenco de plata)

“En cambio en el melodrama (a diferencia del drama) lo que origina el conflicto es una intervención del destino, como en Puerta cerrada, que Libertad Lamarque pierde todo en la vida porque un cartero entrega el telegrama a alguien que salía en ese momento de la casa de ella, que era tan buena”. Esa voz, la de una maestra sentimental que le explica a su alumna las fatalidades del destino como interruptor o hada madrina del deseo, es la entrada a los argumentos de Manuel Puig reunidos por Graciela Goldchluk en Un destino melodramático, publicado por la flamante editorial El cuenco de plata que dirige Edgardo Russo.
Estos argumentos están fechados entre 1962 y 1988 y fueron escritos -con alguna excepción- durante sus largas estadías en México y Brasil. Al valor narrativo de esta reunión de textos inéditos, con su muestra más alta en Serena, un proyecto de guión que podría ser una maravilla del cine de inquietud -escrito a pedido de David Lynch-, se le suma el valor biográfico de Pájaros en la cabeza, el origen mítico de la escritura de Puig. La historia es más que conocida: en medio del diseño esquemático de ciertos personajes que desea incluir en un guión, se lanza espontáneamente a la caza de una voz privada -la voz de una tía- y se deja envolver en la velocidad de la que más tarde surgirá “una especie de novela”: La traición de Rita Hayworth. Esta intervención de fragmentos literarios tan diversos, y la compañía de imágenes que atestiguan su origen material -el lugar físico donde comenzaron las historias de Puig- convierten a Un destino melodramático en un museo personal del escritor, pero también en la memoria descriptiva de una escritura.
“La idea de museo personal -dice Graciela Goldchluck- es la que más se ajusta al caso de Manuel Puig. Es un escritor que cambió varias veces su lugar de residencia, que en cada mudanza volvía a comprar muebles, y que antes de irse de Brasil donó la mitad de su biblioteca; pero nunca se separó de sus manuscritos. Y hay otro dato: Puig encarpetó varios de sus escritos, y permanentemente estaba dándoles un orden, pero he podido ver que también descartó otras cosas. Los que conservó tenían un valor para él, aunque no necesariamente pensara publicarlos. Una cosa que se puede ver al revisar los borradores de las novelas, es que Puig permanentemente se leía a sí mismo; un pasaje descartado en una novela se incorporaba a la siguiente (así pasó entre Boquitas pintadas y Pubis angelical). Entonces, estos textos tan diversos, desde Pájaros en la cabeza que se convierte en La traición de Rita Hayworth, hasta Serena, que tiene una autonomía absoluta, o Escrito en las estrellas, que es un relato destinado a que lo cuente un personaje, conforman exactamente eso, un museo del imaginario personal de Puig. Porque ante todo fue un coleccionista, y esta es una colección”.
¿Qué es una colección privada sino una reunión de elementos sobre los que cae una ilusión de valor personal? Esa ilusión que convierte las cosas que no valen nada para otros en pequeños tesoros del sentido, llevó a Manuel Puig a conservar en cajas miles de papeles escritos, como si en esas joyas opacas permaneciera la escritura perdida junto con el momento en que fue escrita. Y esa inclinación conservadora hizo que Puig estableciera una relación de compañía con todas sus escrituras, las consagradas y las desconocidas, las terminadas y las inconclusas; un gesto de atesoramiento radical que pareciera entender otra cosa acerca de cómo está formada una obra completa (la obra completa como patrimonio impresentable). Graciela Goldchluk tuvo un acceso franco a esos materiales archivados en la casa de la familia Puig y, como era de esperar, obtuvo emoción de la experiencia. “Es que abrir las cajas de embalaje con los manuscritos sin saber qué había adentro, y empezar a clasificarlos, fue una de las cosas más emocionantes que me pasó en mi vida universitaria, junto con la lectura de El Quijote. Ahora recuerdo esas dos experiencias juntas, y creo que es por un mismo sentido de aventura. Había cierta expectativa sobre lo que iba a aparecer, si iba a haber o no una novela inédita, como se rumoreaba. Pero de esa época recuerdo como más emocionante encontrarme con el original de La traición de Rita Hayworth, que con el guión inédito The Seven Tropical Sins, por ejemplo. Ahí nació mi entusiasmo por el estudio de manuscritos, del cual la publicación de Un destino melodramático es una consecuencia. Porque mientras otros buscaban inéditos yo me entusiasmaba con el enorme proceso de revisar todo el archivo de Puig, con más de 20.000 hojas de papel y setenta y dos proyectos de escritura en el primer relevamiento que hicimos hace ya diez años”.
Las historias de los argumentos reunidos en Un destino melodramático se prestan sin ninguna resistencia a la idea de género que aquella maestra explica con paciencia a su alumna –tempranamente ávida y temerosa de ese destino-, porque la fatalidad de lo que tiene que pasar funciona con una lógica que no es la que sostiene la razón (la más desaconsejable de las influencias narrativas). Por momentos el deseo transforma a los personajes, los convierte, los dobla y los enajena: son criaturas dañadas por los males del amor. En Opium tale, un proyecto de guión con algún eco de La Dama de Shangai, de Orson Welles, con señores chinos y una mujer -Amanda- que en sus sueños de opio encuentra la verdad, los acontecimientos se plantean como una fuerza buena que lucha contra las tormentas crueles del melodrama y su presencia invencible. Porque el destino melodramático no se deja engañar nunca -conoce los disfraces de sus enemigos-, es un cataclismo que tarde o temprano llega; y si en el plan de los enamorados aparece un horizonte de armonía, se hará presente de inmediato el problema del amor para que las cosas se echen a perder a un segundo de la gloria. ¿Hay algo verdaderamente nuevo en Puig? Graciela Goldchluk no sabe: “Es un escritor excepcional, pero cada uno de sus libros es un universo en sí mismo. Yo aspiro a que este libro muestre un universo autosuficiente, y creo que si se logra tendrá que ver con el trabajo de edición que encaramos con Edgardo Russo. Los que aparecen en Un destino melodramático no son todos los argumentos escritos por Puig, sino aquellos que pensamos que podían conformar el mundo del melodrama. Pero me parece que por fin ha llegado el tiempo en que se puede considerar la diversidad de su obra. Porque en Argentina sólo se conocen las novelas, siempre y cuando se encuentren en las librerías. En otras países no es así: en Italia e Inglaterra el teatro de Puig no para de representarse y ganar premios. Acá ha comenzado a difundirse hace poco, pero sobre todo a partir de emprendimientos independientes, como se hizo con El Misterio del ramo de rosas. Por supuesto que lo que hicieron Renata Schusheim y Oscar Aráiz en el teatro con Boquitas pintadas es excelente, y ojalá que se atrevan con algún musical. Porque son muy extraños los musicales de Puig, con canciones de los años 50, una especie de vaudeville donde no faltan las espías. Aunque tengo la impresión de que la obra "total" de Puig aún es un misterio”.
Entre los textos apartados dentro de los Proyectos brasileños, hay un guión para una producción americana que iba a filmarse en Brasil, que aparece junto a un breve relato sobre la vida de la cantante de ópera Claudia Muzio. Se llama El amuleto de la buena suerte, un título redundante que parece garantizar un final de felicidad. Es la historia de una mujer americana -Frances- que viaja a Río de Janeiro apenas rompe su matrimonio. Cena con amigos en un restaurante, donde le llama la atención una mujer adornada con una cantidad de joyas. Al día siguiente ve por la ventana del hotel a un joven guardavidas -Jorge- que se abraza a una mujer -es Nora, la mujer del restaurante- y se alejan en un auto de lujo. Francés vuelve a encontrar a la mujer en el desfile del carnaval. Jorge forma parte de una escola, y no sabe que el marido de Nora ha ordenado asesinarlo. Francés lo alerta y huye con él. Se esconden y, finalmente, deciden comenzar una nueva vida en New York. Pero cuando Jorge va a comprar un pasaporte con mil dólares que le robó a Frances, Nora descubre la traición y lo mata. Frances se embarca sola, doblemente defraudada. Cuando llega la Navidad, compra unos regalos para Jorge y se los envía proponiéndole un nuevo encuentro en Río, sin sospechar que ha muerto. Eso es todo. ¿Quién ha contado esta historia? El destino melodramático.

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