Monday, February 06, 2006

Guatambú, de Mario Arteca (Tsé-tsé)

Guatambú, de Mario Arteca, es un libro hecho con un lenguaje que atraviesa los espacios y las eras, una masa crítica de español -el de la lengua ancestral, la moda, las palabras olvidadas y todo lo que suena extranjero en lo local- que ha encontrado su hilo de voz propia luego de estallar en un alto horno del significante donde la lengua se vuelve líquida de golpe, del modo en que el metal corre al rojo vivo en los canales de una fundición, arrastrando su escoria y su brillo antes de regresar a una forma fija.
Ese simulacro de erupción -esa erupción técnica- produce en la poesía de Arteca la maravilla de un espectáculo inexplicable. Porque Guatambú lleva la curiosidad por la comprensión a un más allá de la necesidad supuesta de darse a entender. Son las vibraciones de la lengua, la sintaxis nueva que surge de la mezcla y el rigor de su continuidad prosaica lo que desplazan el sentido perdido en sus bañados barrocos por un clima de inquietud, ese terror en el que el idioma pierde el sentido.
Nadie conoce la lengua que habla, y el hecho de que Guatambú sí conozca la suya convierte a la lengua en uso en un idioma idiota -un softwere- empleado por autómatas. ¿Qué puede hacer el español de Arteca sino molestar a aquel idioma más grande que le da cabida? Las guerras, la ciencia, el cine, la cronología, la paternidad, la ecología (todo lenguaje propio que pueda ser alterado), se ocultan o revelan en la poesía de Guatambú, donde funcionan como historias vistas apenas un instante en un juego de espejos, esa realidad parecida y multiplicada contra la que se choca siempre.
Pero la poesía de Mario Arteca es -al tiempo que una voz nueva- una lengua pequeña y fulgurante en proceso de desaparición; y, como si pretendiera en sus operaciones emular al Guatambú (“árbol de excelente madera que se usa para adulterar la hierba mate”), se muestra como materia prima. Los nombres propios, las citas, la información llamada de actualidad, las biografías (todo lo que puede hacer de la literatura un mundo) entran directamente a la poesía. Es el devenir anárquico de la vida sobre el poeta, organizado apenas como flujo: lo poético de la vida canalizado.
Arteca es una de las apariciones más sólidas y brillantes que ha tenido el género en estos años, pero Guatambú -como sucede con los libros de poesía- así como ha venido se irá. Una cita hecha en el libro advierte sobre la cuestión: “Las cosas están desapareciendo. Si uno quiere ver algo, debe apurarse”.

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